lunes, 11 de abril de 2011

¡Sólo toma un minuto cambiar tu vida!


“Hermanos, el tiempo no espera a nadie. Sigue adelante y sigue así. No se detiene para nada ni para nadie. No importa cuánto dinero tienes, cuánto poder tienes, o cuánto prestigio – el tiempo sigue su rumbo; por lo tanto, tienes que respetarlo y usarlo sabiamente, porque al tiempo no le importa quién eres. El tiempo es el gran ecualizador. Desde su punto de vista, todos somos iguales. Le da los mismos dividendos a los ricos y los pobres, a los poderosos y a los débiles, a los grandes y a los pequeños. Todo el mundo tiene la misma cantidad de tiempo, veinticuatro horas por día, ni un minuto más. La clave del éxito no es el tiempo que tienes. La clave es lo que haces con el tiempo que tienes. ¿Cómo utilizas tu tiempo? ¿Lo usas sabiamente, o desperdicias tus preciosos minutos? ¿Llenas tu vida con desperdicio de tiempo, o llenas tu tiempo construyendo tu vida? Tu éxito o tu fracaso dependen de cómo utilizas tu tiempo. Este se mueve…¿Y tú?
Cada minuto es precioso porque no se puede reemplazar. Una vez que se ha gastado el día, no podemos cambiar el tiempo que ha pasado. Cada día es una unidad de tiempo individual y no puede ser revivido. Una vez que se va, se acaba, entonces lo debemos usar sabiamente, porque no tenemos garantía de cuánto tiempo tenemos en esta tierra.
Cuando nos iniciamos, se nos muestra una Regla de 24 Pulgadas que simboliza las 24 horas del día, se nos aconseja que dediquemos parte de esas horas a la reflexión personal, al conocimiento íntimo de nosotros mismos, a respetarnos a nosotros mismos, aprender a respetar al ajeno y poder, entonces, exigir ser respetados.
La regla que se entrega al Aprendiz en su recepción, es el símbolo de la rectitud en el cumplimiento de nuestros deberes morales. En la masonería operativa se usaba la regla de 24 pulgadas para medir y pulir el trabajo; pero a nosotros, libres y aceptados masones, se nos invita a hacer un uso más noble y glorioso de este instrumento: La medida del tiempo. Estando el día dividido en 24 horas, nosotros debemos repartirlas en tres partes iguales: Ocho para el servicio a Dios y a nuestros hermanos necesitados, ocho para nuestras ocupaciones cotidianas y ocho para el descanso y el sueño.
Aprovechemos pues nuestro tiempo.
¡Sólo toma un minuto cambiar tu vida!