lunes, 23 de enero de 2012

La aurora, el amanecer y un nuevo día



Hay que vivir cada nuevo día como si fuera el último.
Ahí estaba una vez más, esperando que el sol apareciera, cerré los ojos y dejé que el susurro del aire me envolviera, por cierto, sentía un poco de frío, percibía su roce en mi piel y el sonido peculiar e inspirador de los pájaros anunciando su despertar y yo, en espera y mis ojos deseando verlo ahí respirando profundamente me envolvía de todas las fragancias típicas del alba. Mágico instante en que la noche se aleja cediendo lentamente su espacio a la primera luz del día. Antes de salir el sol, el astro rey en la lejanía, en el horizonte, hizo su tímida presencia, esperando a su vez, tras bambalinas, su aparición brillante.
Parecía que el viento tomaba más fuerza y se hizo intenso el sonido del aire.
Un nuevo día estaba por llegar y yo lo esperaba tranquilo, observando, disfrutando a plenitud en compañía del sonido de las aves, del viento y de mis pensamientos ese lugar de la mente donde la fantasía habita que está más allá de las estrellas, más allá del sol es el mundo de mis sueños, de las vivencias me adentro en ese universo invisible sobre las blancas alas de la imaginación.
Con la llegada de la aurora, el cielo se cubría de reflejos, los tonos rosáceos se mezclaban con el aún oscuro azul del cielo llenándolo de luz y color…y ya no podía cerrar los ojos, solo contemplar, escuchar el soplo de aire que me hablaba.
Todo se movía a mi alrededor era como si el viento cantara mi música y solo yo pudiera escucharlo… observando ese tranquilo despertar de un nuevo día y con la esperanza de que este va a tener la oportunidad de ser mejor y diferente a todos los demás, para superarlo mañana y al mismo tiempo con la expectativa de vivir momentos sobresalientes con ese espíritu de lucha que nos impulsa en esta nueva aurora por el sendero de pretender alcanzar metas deseadas, el éxito y la felicidad.
En cada amanecer se descubre el encanto de un sonido diferente tiene mucho que ver o influye en esto las estaciones, los cambios en la naturaleza, ¡es emocionante! Y continué así, esperando la llegada del sol… dejándome llevar por esa dulce melodía acariciada por la brisa seducida por la alborada, formando parte de ese maravilloso instante, sintiéndome parte de el… como si el tiempo no existiera, parando el reloj de la vida- Y es que la existencia está saturada de momentos preciosos invaluables que nos brinda nuestro entorno hay que buscarlos y disfrutarlos a plenitud.
Y entonces apareció: Ahí estaba en esa línea imaginaria que separa el cielo de la tierra… el sol naciente, hacía su espectáculo como una explosión de fuego en el horizonte, el cielo se llenó de reflejos.
Ese cielo que no conocía porque siempre es distinto y al seguir mirándolo me llenaba de nostalgia que me ofrecía ahora sus más radiantes colores amarillo naranja junto a un indescriptible azul del cielo.
Siempre me he enfocado en escribir sobre los atardeceres reconocidos mundialmente por su gran belleza pero nunca había tratado de detallar.
Un nuevo amanecer en mi terruño norteño y fue maravilloso.
Deseo recoger de esta “aurora” una luz divina que penetre profundamente en mi alma. Doy gracias al Señor por esta nueva experiencia que brilla ahora en mi espíritu para hacer de mí, un remanso de paz y armonía para con mis semejantes.
Hay que vivir cada nuevo día como si fuera el último, olvidar las lágrimas del ayer y no tomar en cuenta los problemas de mañana porque esos son retos de la misma existencia para que en cada momento seamos mejores a los ojos de Dios.
¡Siempre habrá un hermoso sol por descubrir y un amanecer que disfrutar!