
La Puerta es el primer elemento simbólico que interviene en todo ritual Masónico, al estar situada en los límites que determinan el interior y el exterior del Templo y por ser, además, un lugar de paso para acceder al mismo. Para los Masones éste símbolo cobra fuerza y presencia con la entrada al Templo, en primer lugar, y luego con la apertura de los Trabajos mediante el cierre de la puerta para poder trabajar "a cubierto". Observemos que en la palabra "apertura" va implícito el término PUERTA en un sentido de OBERTURA y de permitir el paso. También para los profanos la Puerta es el primer símbolo que actúa en la ceremonia de Iniciación y aunque no hay consciencia en ese momento de su presencia, si se puede llegar a percibir un cierto "cambio de ambiente" cuando se franquea. El significado de la PUERTA como símbolo lleva inherente también el de UMBRAL. La puerta simboliza la comunicación entre dos estados y, sobre todo, la posibilidad de acceso de uno al otro. Es la frontera que separa un ámbito interno de Luz, al que se aspira a acceder, de otro de tinieblas, de donde se viene. La puerta es la delimitación de dos mundos, el interior o sagrado y el mundo exterior o profano. El umbral es un lugar de tránsito a través de la Puerta, es el instante crucial de cambio, es el momento íntimo en el cual no se está ni en uno ni en otro estado. En el umbral no se puede permanecer, es sólo un lugar de paso, es un punto de no retorno. Atravesar el umbral es constatar una transformación de la condición del ser, e implica dejar atrás tanto lo banal y superfluo como lo recurrente y mundano, para recibir el aire nuevo de una influencia diferente. El umbral se puede traspasar en dos sentidos: entrando, con lo cual marca una dirección evolutiva; o saliendo, como reflejo de una involución. O dicho de otra forma, como inicio o final de un ciclo. La puerta no es un elemento pasivo en la configuración de un Templo masónico, no es la simple discontinuidad de una pared para permitir o impedir la entrada. Por el contrario tiene una función muy activa y la capacidad de transmitir un mensaje, como cualquier otro elemento simbólico del Templo. La función activa de la puerta como símbolo se traduce en la capacidad de facilitar el paso o de impedirlo, es decir, el paso a su través es selectivo y requiere de un reconocimiento previo para entrar. Se desprende, también, una función de seguridad en el sentido de garantizar que el recogimiento del interior no será perturbado por ningún elemento ajeno a la Logia. Finalmente se ha de añadir que si la puerta garantiza la protección de una eventual acción externa, también protege de la posible pérdida de las Energías recibidas en el interior del Templo durante la celebración del ritual masónico. En ese sentido, la puerta, "herméticamente" cerrada, "guarda el calor" de las energías recibidas y garantiza que los Trabajos alcancen el "punto de ebullición máximo", cuyos frutos son "los secretos que deberán ser guardados en lugar Seguro y Sagrado".









