viernes, 25 de diciembre de 2009

El eterno enigma de Stonehenge


Se ha acercado puntual como cada año el solsticio de invierno, el 21 de diciembre, la noche más larga pudo ser vaticinada por nuestros antecesores hace casi 5.000 años.
Sobre las llanuras de Salysbury, al suroeste de Inglaterra, descansa uno de los mayores misterios de la humanidad: Stonehenge, y sus imponentes bloques de piedra arenisca conforman la mítica construcción megalítica situada en el condado de Wiltshire, encerrando un pasado enigmático del que apenas se conoce su historia.
Hoy 4.700 años después y declarado patrimonio de la humanidad por la Unesco en 1984, continúa suscitando todo tipo de teorías y opiniones sin dejar a nadie indiferente: grupos religiosos, arqueólogos, ufólogos y miles de personas peregrinan hacia el “crómlech” (círculo de piedras) en busca de respuestas.
Conocimiento del universo
Aún el día de hoy sigue sin conocerse con exactitud la finalidad de su construcción. Un posible santuario o templo fue la hipótesis más desarrollada por los investigadores, pero la orientación nada casual de los grandes monolitos deriva los análisis hacia probablemente el primer observatorio astronómico de la humanidad teniendo en cuenta la afirmación del arqueólogo Julian Richards: “Durante el día más largo del año, el sol llega justo al centro de Stonehenge. Nuestros antepasados más remotos festejaban este solsticio de verano utilizando la luz, la piedra y la sombra”. De esta manera, se ha llegado a la conclusión que mediante la monumental construcción podrían seguir los ciclos solares y los cambios estacionales. No se debe olvidar que se está hablando de 2.750 años a.C., siendo desconcertante el avanzado conocimiento que poseía aquella civilización primitiva sobre el cosmos.
Su construcción
Su proceso de construcción pasó por las manos de 40 generaciones durante casi 1.700 años, divididos en tres fases principales, entre los años 2.750 aC y 1.100 aC culminada por los primeros hombres de la edad de bronce. El esfuerzo debió de ser tan titánico para los creadores de Stonehenge como enigmático y asombroso para los que se acercan al megalito desde la actualidad, teniendo en cuenta el gran tonelaje de las rocas, llegando a manipular piedras de más de 35 toneladas con aquellos medios tan primitivos y desplazarlas a lo largo de 250 km desde el sur de Gales.
Se piensa que se transportaron utilizando troncos que ejercían de rodillos, siendo arrastradas mediante cuerdas atadas a las piedras, consiguiendo así su desplazamiento. Los troncos volvían a ser recolocados bajo las moles pétreas hasta llegar a su destino final.
Se calcula que para movilizar una sola roca eran necesarios unos 800 hombres mediante su fuerza bruta, mientras otros cientos de ellos despejaban el terreno para su libre traslado. Ante semejantes datos es imposible no preguntarse qué pudo motivar un esfuerzo de tales dimensiones.
Santuario de curación
Las recientes investigaciones patrocinadas por la afamada cadena británica BBC y llevadas a cabo por los arqueólogos Tim Darwill procedente de la Universidad de Bournemouth y Geoff Wainright de la Sociedad de Anticuarios, sugieren que Stonehenge fue lo más parecido a un santuario de curación y peregrinaje, mantienen que las primeras piedras de arenisca azulada que formaban la principal estructura fueron trasladadas desde las colinas de Preseli durante cientos de kilómetros por la convicción de que tenían propiedades curativas.
Es probable que jamás se llegue a conocer a ciencia cierta cómo y por qué se emplearon tantos esfuerzos en levantar el monumento megalítico más inquietante y desconocido de la historia. Lo único de lo que se está completamente seguro es que esos enormes bloques nos llevan acompañando con su presencia desde hace miles de años.
Grandes interrogantes y mucha fascinación
Su silencio ha despertado infinitas interrogantes y una fascinación solo comparable a las pirámides de Giza en Egipto, o a las líneas de Nazca en Perú. Hoy, a las puertas del año 2010, admirar Stonehenge sigue siendo una experiencia única. Su atracción hacia el ser humano parece ser eterna e inalterable. Por muchos años que pasen, su influjo permanece latente.