
Una de las pocas cosas que desafortunadamente no hemos aprendido hacer en Logia es a escuchar los trabajos, cuando mucho los oímos pero realmente no escuchamos, oír es solo algo físico, escuchar es involucrar cada célula de nuestro ser, para escuchar hay que involucrar el alma. El curioso oye, pero el que busca escucha, el alumno oye, el discípulo escucha.
Escuchar significa que nuestro cuerpo y alma trabajan en perfecta armonía, escuchar es cuando ponemos intensidad y pasión en lo que oímos.
Por eso para escuchar es necesario estar en silencio, ahora comprendemos aun más cuan valioso es ese “Silencio hermanos, estamos en Logia”. Si nuestra mente esta divagando, si en nuestra mente hay mucho tráfico difícilmente podremos concentrarnos y escuchar.
Cuando la mente no tiene pensamientos, cuando el dialogo interior se ha interrumpido, en ese silencio interior ocurre el escuchar.
El escuchar correctamente es entender, por eso los trabajos que presentamos en Logia no deberían ser muy extensos pero sí muy profundos en su espíritu, por eso aquellos trabajos muy extensos solo permiten ser oídos pero no escuchados.
El que habla debe hacerlo de una forma armoniosa, calmada, que transmita paz, porque solo de esa forma los oyentes pueden transformarse en escuchas.
Debemos convenir que antes de entrar a los trabajos se deben eliminar todos aquellos elementos que distraen a uno mismo y quizás a todos a su alrededor.
Para escuchar necesitamos estar en paz para encontrarnos interiormente y esas pocas palabras que podamos escuchar nos transformen y se produzca eso que algunos llaman alquimia.
Cuando escuchamos las palabras llegan al corazón y no solo al oído, cuando permitimos que las palabras lleguen a nuestra alma realmente podemos florecer espiritualmente.
Lo mismo ocurre cuando leemos, leemos pero no interiorizamos, no permitimos que las verdad llegue al fondo de nuestro ser, porque las enseñanzas de la Masonería son enseñanzas que transforman.
El escuchar y el comprender nos permite ver y sentir la verdad, porque una mente transparente discierne lo correcto como correcto y lo incorrecto como incorrecto, la mente transparente inmediatamente concluye, no divaga.
Por eso la Masonería necesita verdaderos maestros y verdaderos discípulos o aprendices, solo así la masonería se convierte en un Arte Real.
Por eso es que el grado de Aprendiz es un grado de preparación, lo que significa tener una actitud receptiva, estar abierto al universo, convertirse uno en un participante no en un espectador. La preparación del grado de Aprendiz significa no solo tener curiosidad intelectual, sino ser un comprometido buscador de ella.
Si no aprendes a escuchar, no puedes ser despertado, despertado al hecho de que has estado desperdiciando tu vida y a no ser de que redirijas tu rumbo hacia el perfeccionamiento, hacia la divinidad, tu vida seguirá vacía e impotente.
El sueño de todo ser humano es conocer su fuente y conocer aquella meta a la que nos dirigimos, por eso la preparación consiste en aprender a escuchar.









